The Deer Hunter, El Cazador, es una película de 1978, dirigida por Michael Cimino, protagonizada por Robert de Niro, Christoper Walken, John Savage, John Cazadle y Meryl Streep.
Es una de las películas más influyentes en la historia del cine, tanto por su temática, su mensaje, el ascenso de su director y el ascenso de una generación actores irrepetibles. Es un crisol fantástico que daría para páginas y páginas de un libro demasiado gordo. Con tal cantidad de capas que es casi imposible abarcarla en su totalidad.
Básicamente la película trata sobre la experiencia personal de tres jóvenes en la Guerra de Vietnam. Comienza con el relato de su último día como obreros de una fundición de acero de una pequeña ciudad de Pensilvania con una numerosa comunidad de origen ruso, antes de su incorporación al ejercito rumbo a la Guerra de Vietnam.
Vemos como los protagonistas, Robert de Niro, Christoper Walken y John Savage, van recorriendo y cerrando minuciosamente su ordinaria y previsible vida paso a paso, como están con sus amigos en el bar, como organizan una última cacería y como preparan la ceremonia final, la boda y el homenaje a los tres miembros de la comunidad que marchan para el frente. Vamos viendo todas las relaciones de los personajes, sus vidas, sus miserias, etc. Toda esa historia termina en un fundido en negro después de la boda. En el siguiente plano vemos una selva y una explosión de una cabaña y un soldado de operaciones especiales, andando ensimismado hacia el frente, es De Niro. Es otra persona, ahora sentimos, en un abrir y cerrar los ojos, todo lo que ha perdido, todo lo que ha terminado y todo lo que está llegando, es otra persona, es otra vida.
Es una manera increíble de contar una historia, ese giro de guión contado en un click, entramos en otra historia, entramos seguimos ese viaje y todo sin decir una sola palabra, todo por imágenes y mediante el montaje, una gran manera de contar una historia. Y junto a ello todo lo que quiera decirte tu cabeza y tu corazón de lo que está sienten el personaje y de lo que estas pensando tu.
Unos años después se estrenó en televisión. Quizás este momento debería contarlo para la gente que no vivió aquellos años. La televisión estrenaba la película después de varios años de explotación en salas de cine, no había videos, ni dvd, ni plataformas.
Por todo ello la expectación era máxima porque si bien la habíamos visto muchísima gente en el cine queríamos disfrutarla en nuestros hogares, y por supuesto, había millones de personas que no la habían visto y que aquel sábado se pusieron a verla.
Se va desarrollando la emisión con total normalidad y cuando termina toda la primera parte y se funde a negro cortan la emisión y pasan a la publicidad. No sé los minutos que pusieron, quizás los suficientes para recoger los platos de la cena o ir al servicio y de pronto suena suena esa voz de alerta de alguien “vamos que sigue” y , cuando vuelven a la emisión, vemos una selva y una explosión de una cabaña y un soldado de operaciones especiales, andando ensimismado hacia el frente, es De Niro.
La gente que no había visto la película colapsó la centralita diciendo que como podían hacer cometió un fallo tan grande de comerse un rollo de película y que lo parasen y volvieran a poner lo que faltaba.
Los que habían visto la película, entre los que me encontraba, sentimos la frustración de no ver el cambio y estar viendo otra película a la que habíamos visto en la sala.
Nadie quedó satisfecho y la película tenía la sospecha de no tener sentido. Se habían saltado el montaje y por ello la narrativa.
Aquello me hizo reflexionar y, dejando al lado las impresiones erróneas de los espectadores, es que se rompió la unidad y el ritmo de la historia y lo que era una cosa paso a ser otra y en muchos caso ninguna.
Puso de manifiesto otra cosa muy importante, un formato que no estaba pensado para la emisión de publicidad, la película, se pasaba en un formato en el que su amortización financiera se basaba en la emisión de la publicidad.
De hecho las series que se hacían a para la televisión se hacían con quienes pensados en los cortes de publicad que permitían seguir el relato sin echar de menos nada y que formaban, en cierto modo la narrativa de la historia. Aunque incluso este sistema tuvo sus encontronazos porque los tempos no eran los mismo en Europa que en Estado Unidos, con lo que os cortes no coincidían.
Quizás la moraleja de todo esto es que la historia se se pone en una pantalla tiene que ser homogénea y llevar el ritmo necesario para que el espectador la haga suya y le asombre, si eso, por una razón u otra se rompe, se rompe la magia y no se cuenta la historia.

